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Un caso célebre llevado al cine

Uno de los casos más impactantes y reveladores sobre el potencial oculto en el ajedrez ocurrió en el Wadleigh Junior High School, de Harlem, Nueva York, donde veinticinco adolescentes con pronturarios policiales lideraban un alumnado de mil quinientos jóvenes. Todos los métodos correctivos y persuasivos habían sido agotados. Por último, decidieron enseñarles ajedrez. La transformación fue extraordinaria. El rendimiento en clase de estos jóvenes y su comportamiento mejoró de tal forma que inmediatamente el experimento fue extendido a todo el colegio (Wadleigh, a pesar de no haber recibido subsidios, incentivos o ayuda de ningún tipo, aventajó desde entonces a los otros colegios de Harlem que recibían estímulos educativos y viajes pedagógicos). La comunidad de los barrios negros probres se conmovió: hasta ese momento habían dado por supuesto que el ajedrez era "para gente blanca inteligente". El coordinador de educación para niños especialmente dotados en Bradford, Pennsylvania, Robert Ferguson, se interesó de inmediato por el fenómeno y evaluó a medio centenar de estudiantes divididos en dos grupos experimentales. A la mitad de ellos se les había instruído en ajedrez; al resto, a resolver problemas de escritura creativa con computadoras y otros juegos. Una vez más, el grupo que practicaba ajedrez terminó aventajando en pensamiento crítico al segundo por 17,3 contra 4,6 %. Las evidencias comenzaban a manifestarse. Paul Botosani, miembro del Bridgeport Board of Education comenzó a ver al ajedrez como "una herramienta para solucionar problemas, que podía ser usado en matemáticas, ciencia, arte, todo". Otros —Steve Anderson, del programa Lighthouses, entre ellos—, terminaron coincidiendo en que "el ajedrez enseña el concepto de planear pasos sucesivos, evaluar posibilidades y la utilización del poder. Esta clase de conceptos de pensamiento sofisticado es la que queremos que nuestros niños aprendan. Deben saber que sus acciones tienen consecuencias y lo aprenden aquí mismo".

El ajedrez como herramienta pedagógica

Muchos son los países que han incorporado el ajedrez a sus programas escolares. La influencia que la práctica de este juego tiene sobre los chicos es resumida en un libro-guía de la siguiente manera: 1) enriquecimiento de la expresividad; 2) evolución del pensamiento; 3) capacidad de comunicación; 4) desarrollo de sentimientos; 5) comportamiento social, 6) una herramienta para aprender a pensar las dificultades del mundo cotidiano". Porque para los educadores, el ajedrez ha dejado de ser un mero pasatiempo para transformarse en una invalorable herramienta pedagógica en uso desde la comprobación estadística de sus beneficiosos efectos en niños y adolescentes. Los programas creados por el gobierno de Estados Unidos contribuyeron al incremento del juego en las escuelas de ese país —donde los jóvenes ajedrecistas "son reverenciados tanto como los heroes deportivos", según palabras de James Santorelli, director del National Scholastic Chess Foundation—, una evolución que se tornó en constante a partir de entonces. Participantes de una conferencia especializada llevada a cabo en Manhattan, New York, en 1995, y reproducida en el diario The New York Times del 14 de mayo de 1995, concluyeron que el juego "desarrolla o mejora los resultados en la lectura, matemáticas, creatividad y seguridad en sí mismo". Esta expansión sostenida permitió que dos años después, confluyeran en Knoxville 4.300 "atletas mentales" de entre 4 y 18 años para los 1997 Super Nationals Scholastic Chess Championships, el torneo nacional juvenil más grande celebrado en la historia. Años después, esta cifra sería minimizada por el mayor evento de ajedrez de la historia hasta hoy: 10.800 participantes jugaron ajedrez en la Plaza del Zócalo, en Ciudad de México, en el año 2000, record consignado en el Libro Guiness de Récords. Para tal occasion se imprimió una edición especial del libro en español, Dos reinos en juego, que tuvo una singular acogida por parte de los participantes y visitantes. El ajedrez escolar se está promocionado cada vez más en casi todos los países. En algunos, como el nuestro, es ya materia extracurricular (el diputado por Chaco, Juan Ayala, ha presentado un proyecto para incluirlo en los programas de estudio nacionales); en otros —la Unión Soviética, México y España—, obligatoria. La Argentina, donde se hallan registrados alrededor de 17.000 ajedrecistas federados (los practicantes del juego se estiman en una cifra de seis dígitos, según la Federación Argentina de Ajedrez), posee el récord mundial de simultáneas escolares, con 2100 participantes y es el único país que tiene una escuela de ajedrez infantil fuera del contexto escolar, la Escuela Municipal Fray Ruy López, donde se inscriben cada año 2000 alumnos. Consciente de ésto, en nuestro país, la Federación Metropolitana de Ajedrez realizó en la sede del Club Velez Sarsfield, entre el 17 y el 19 de febrero de 1995, el congreso "La importancia del ajedrez en la enseñanza". A partir de este evento, el interés ha ido creciendo.

Derivaciones

Este juego milenario se está imbricando cada vez más con las actividades del hombre contemporáneo. Compañías como Kodak, el Aeropuerto de Zurich, y petroleras asiáticas, compraron a IBM el sistema utilizado por la computadora Deep Blue —creado por programadores originalmente para el ajedrez— al que adaptaron para control de color, tráfico aéreo y estudios oceanográficos de reconocimiento del petróleo en las profundidades del océano. Ese mismo programa —de tantas variables como el ajedrez— fue adaptado posteriormente por Wall Street para la evaluación de riesgo financiero.
 

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