Prensa

Periodismo visual
Exposición
Taller / Workshop 01
Taller / Workshop 02
Libro "Artificium: Nuevos escenarios en la comunicación y el diseño editorial".
Por Grisel el Jaber y Alina Montanaro
(Editorial El punto sobre las íes)

¿Existió algo del orden de lo vocacional a la hora de elegir su profesión?

La vocación por el dibujo no se apagó en ningún momento y fue lo que me impulsó a tratar de convertirla en mi medio de vida. Pienso que trabajar de lo que a uno más lo satisface es un verdadero privilegio, ya sea que te guste dibujar, tocar el piano, arreglar autos o programar computadoras.

¿Cree que en su profesión se debe reconocer el autor de la pieza visual, más allá de la comunicación que evoque?

Sí. Me parece que el estilo propio y original de un ilustrador es fundamental para un trabajo de calidad. Por otra parte, el estilo tampoco debe ser más importante que el mensaje que se desea transmitir. Una buena ilustración debe tener un equilibrio entre el estilo y el contenido del mensaje. Recordemos que la ilustración sólo existe en función del texto que acompaña, lo cual impone un límite que el ilustrador no debe sobrepasar.

Su profesión y los contenidos periodísticos en los medios gráficos, ¿Cómo se articulan?

Creo que el ilustrador debe ponerse al servicio del contenido periodístico. Debe haber un diálogo dinámico entre el texto y el dibujo que lo acompaña, sostenido por una buena maqueta o diseño. En el equilibrio entre estos tres factores, se facilita y agiliza la lectura, y el mensaje que se desea transmitir llega al cerebro del lector sin interrupciones. Un diseño sobrecargado o torpe dificultan la lectura; una ilustración decorativa pero sin sustento intelectual, despista y no aporta nada. Y el texto debe ser riguroso, concreto y específico. No hay que olvidar que escribir en un periódico no es hacer literatura; a pesar de ello, existen periodistas con plumas muy refinadas, e ilustradores muy plásticos que además comunican de manera notable. Podría decirse que los ilustradores somos “comunicadores visuales” o “periodistas gráficos”.

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¿Piensa que el mercado laboral exige cada vez más una mayor especialización en los conocimientos?

Por supuesto. Hace diez años, el ilustrador entregaba al editor su original en papel, y punto. Hoy, hay que digitalizarlo, colorearlo, modificarlo, grabarlo en algún soporte como CD o DVD, o bien enviarlo por correo electrónico, o colocarlo en un servidor FTP para que el editor lo pueda descargar. Todo ello, en plazos cada vez más acotados pero con el mismo nivel de exigencia de siempre. Posiblemente muchos profesionales queden fuera del mercado si no incorporan la tecnología a su método de trabajo.

¿Qué cambios específicos cree que introdujo la tecnología en su modalidad de trabajo en los últimos dos años?

Me permite vivir a 15.000 kilómetros de distancia de mis clientes, y trabajar diariamente con ellos como si fuéramos vecinos.

¿Cómo percibe los tiempos de su trabajo con la utilización de las tecnologías?

Puedo producir más trabajos, en menos tiempo. Esto no significa que sea más redituable económicamente, sino que se trata de una exigencia actual del mercado. La utilizo procurando sacar de ella el mayor provecho, pero teniendo en claro que se trata simplemente de una herramienta más. Antes usaba más tinta china, y hoy uso más el Photoshop, pero en definitiva lo que yo produzco diariamente son dibujos.

¿Cómo es un día de su trabajo como profesional en un medio gráfico?

La mayoría de mis clientes se encuentran muy lejos, así que el contacto cotidiano es principalmente por correo electrónico, y en algunos casos por videoconferencia. Debido a la diferencia horaria, comienzo muy temprano por la mañana revisando y respondiendo el correo. Los plazos de entrega de mis trabajos dependen del cliente: en ocasiones tengo uno o dos días para realizar la ilustración (mayormente los periódicos) , en otros una semana (revistas quincenales o mensuales), y en el caso de los libros los plazos se extienden a uno o varios meses. Ellos me envían los textos que yo debo ilustrar, ya sea el artículo completo o una breve síntesis del mismo. Con los clientes más antiguos todos los procesos están muy aceitados (temas, dimensiones, técnica, etcétera) así que el margen de error es casi nulo. Algunas empresas solicitan un boceto previo en lápiz, para aprobar la idea. Cuando termino la ilustración, la envío por correo electrónico, o la coloco en mi servidor FTP (en el caso de las imágenes más grandes) para que el cliente pueda descargarla a su máquina. Por la diferencia horaria, siempre envío mis trabajos un día antes de lo pautado, para que el jefe de arte tenga la imagen a primera hora de la mañana.

Su profesión y la dirección de arte en los medios gráficos, ¿Cómo se articulan?

Creo que el ilustrador y el jefe de arte deben tener una estrecha relación. Desde el momento en que el jefe de arte incorpora a un ilustrador a su equipo, debe respetar su estilo y procurar que los trabajos sean adecuados a su forma de trabajar. Por parte del ilustrador, debe existir cierta flexibilidad para amoldarse a los requerimientos editoriales, y tener una postura abierta a sugerencias e indicaciones. El diálogo es fundamental para que el resultado sea óptimo, y la manera de enriquecerse mutuamente. Hay jefes de arte que no saben dibujar pero tienen un sentido estético notable, y una gran capacidad para dirigir equipos de trabajo.